Cuando la enfermedad toca a alguien que amamos, la oración es lo que nos queda cuando ya no sabemos qué más hacer. Y no es poco: es ponerlo en las mejores manos.
«Sáname, oh Señor, y seré sano.» — Jeremías 17:14
Oración por un enfermo:
Señor, Médico de cuerpo y alma, vengo a Ti a pedir por la salud de quien hoy sufre la enfermedad. Pon tu mano sanadora sobre su cuerpo, alivia su dolor y renueva sus fuerzas. Da sabiduría a quienes lo cuidan y esperanza a su corazón. Si es tu voluntad, concédele la sanación; y en todo momento, regálale tu paz. Confío en tu amor y en tu poder. Amén.
No hay una sola oración mágica. La más poderosa oración de protección es la que se hace con fe sincera, amor y confianza en Dios. Muchas personas usan el Salmo 91, el Padre Nuestro o peticiones directas de sanación física y paz espiritual.