
En el Evangelio, Jesús pronunció una frase que ha quedado grabada en la memoria de los creyentes: “Dejad que los niños se acerquen a mí, porque de ellos es el Reino de los cielos”. Estas palabras no son solo una invitación a valorar a los pequeños, sino una enseñanza universal sobre cómo vivir la fe con confianza, humildad y pureza de corazón.
El mensaje de Jesús en “Dejad que los niños se acerquen a mí”
Cuando Jesús llama a los niños, está mostrando que el Reino de Dios no pertenece a los poderosos ni a los que acumulan méritos, sino a quienes se acercan con sencillez. La actitud del niño —confiado, abierto y humilde— es la que nos abre las puertas al amor de Dios.
Jesús enseña que de los niños es el Reino de los cielos
Valores que los niños nos enseñan para la fe
Confianza absoluta
El niño confía en su padre y en su madre sin cuestionamientos. Así, el cristiano debe confiar en Dios.
Humildad y sencillez
Los pequeños no presumen de logros, sino que reciben como regalo. El Reino se acoge con gratitud, no con orgullo.
Capacidad de asombro
Los niños se maravillan de todo. Del mismo modo, debemos conservar la capacidad de asombrarnos ante la obra de Dios.
Cómo aplicar esta enseñanza en nuestra vida diaria
- Orar con la sencillez de un niño.
- Evitar poner obstáculos a quien busca acercarse a Dios.
- Cultivar un corazón humilde y agradecido.
- Enseñar a los más pequeños con paciencia y amor.
Relación con el Evangelio del día
Esta reflexión complementa la lectura diaria del Evangelio, ayudándonos a comprender con mayor profundidad el mensaje de Jesús. Si deseas leer el pasaje completo del día, visita nuestra sección de Evangelio del día de hoy
Conclusión
Las palabras de Jesús nos recuerdan que para entrar en el Reino de los cielos debemos recuperar un corazón de niño: confiado, humilde y abierto al amor. De esta manera, la enseñanza de “Dejad que los niños se acerquen a mí” se convierte en una guía concreta para vivir nuestra fe en lo cotidiano.
✨ Oración
Señor Jesús,
Tú que acogiste a los niños con amor y los pusiste como ejemplo de fe,
haz que yo también tenga un corazón humilde, sencillo y confiado como el de ellos.
Enséñame a acercarme a Ti sin orgullo ni miedo,
a vivir con alegría, asombro y gratitud cada día,
y a no poner nunca obstáculos a quienes buscan tu amor.
Que, como un niño, aprenda a confiar plenamente en Ti
y a reconocer que todo en mi vida es un regalo de tu bondad. Amén.